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Cuando Ya NO TE MOLESTA Que Tu Pareja SE Aleje

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Hay algo que puede ser mucho más preocupante que una discusión en pareja. Que deje de molestarte. Antes te dolía que no te escribiera.

Te preguntabas por qué estaba distante. Esperabas que te buscara. Querías que se diera cuenta de que algo estaba cambiando. Pero un día sucede algo extraño.

Deja de hacerlo…
y ya no te duele.
Ya no preguntas.
Ya no reclamas.
Ya no esperas.
Y quizá piensas:
“Por fin hay tranquilidad”.

Pero hay una pregunta que deberías hacerte: ¿Realmente encontraste la paz… o simplemente dejaste de esperar algo de esa persona?

– Porque no es lo mismo. Cuando todavía nos importa profundamente alguien, su distancia suele provocar algo en nosotros.

Queremos entender.
Queremos acercarnos.

Queremos recuperar lo que sentimos que estamos perdiendo. Pero cuando llevamos demasiado tiempo intentando conectar y sentimos que nada cambia… puede ocurrir algo diferente. Nos cansamos.

Y cuando nos cansamos emocionalmente, dejamos de reclamar. Dejamos de explicar. Dejamos de pedir. Y, sobre todo, dejamos de esperar.

– Al principio quizá tu pareja se alejaba y tú preguntabas: “¿Qué te pasa?”

Después empezaste a preguntar menos.
Luego pensaste: “Ya no voy a insistir”. Hasta que un día ocurre algo que antes habría provocado una discusión… y simplemente dices:

“Está bien”.
Pero ese “está bien” puede esconder muchas cosas.
Puede significar: “Ya entendí que no puedo obligarte a estar cerca”.

Puede significar: “Ya no quiero volver a pedir lo mismo”. O incluso: “Ya no espero que seas diferente”. Y aquí hay algo importante.

Que ya no reclames no significa automáticamente que hayas dejado de amar. A veces significa que llevas demasiado tiempo sintiéndote ignorado.

Quizá intentaste hablar.
Intentaste explicar lo que necesitabas.
Intentaste acercarte.
Pero cada intento terminó igual.

Y después de suficientes decepciones, una persona puede aprender a protegerse dejando de esperar. Porque esperar también cansa.

– Y cuando esperas demasiado tiempo algo que nunca llega… un día decides que es más fácil no necesitarlo.

Por eso quiero que pienses en algo. Si mañana tu pareja estuviera distante durante todo el día…

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¿te preocuparías?
¿Intentarías acercarte?
¿Preguntarías qué ocurre?
¿O simplemente continuarías con tu vida?

Y no hay una respuesta correcta. Lo importante es lo que esa respuesta significa para ti. Porque existe una diferencia entre sentir: “Estoy tranquilo porque confío en nuestra relación”.

y sentir:

“Estoy tranquilo porque ya no espero nada”.

Por fuera pueden parecer exactamente lo mismo. Pero por dentro son completamente diferentes. La primera es tranquilidad. La segunda puede ser desconexión emocional.

Y quizá la señal más silenciosa de que una relación está cambiando no sea que discutan más. Quizá sea que ya no tienes ganas de discutir.

– Y cuando llegar a ese punto ocurre después de mucho tiempo de frustración, vale la pena detenerse.

No para preguntarte inmediatamente: “¿Tengo que terminar esta relación?” Sino para preguntarte algo mucho más importante: “¿En qué momento dejé de esperar?”

Porque quizá no fue de un día para otro. Quizá ocurrió después de muchas pequeñas decepciones que fuiste acumulando.

Una conversación que no llegó.
Un mensaje que nunca recibiste.
Una promesa que no se cumplió.
Una necesidad que intentaste explicar demasiadas veces.

Hasta que un día… dejaste de pedir. Y cuando eso ocurre, todavía puede existir amor. Pero el amor por sí solo no siempre mantiene viva una conexión.

También necesitamos sentirnos escuchados.
Elegidos.
Importantes.
Y, sobre todo, sentir que todavía vale la pena acercarnos.

Así que si últimamente has pensado: “Ya no me importa lo que haga”.

– Hazte una pregunta antes de tomarlo como una buena señal ¿Estoy en paz… o simplemente me canse de esperar?

Porque a veces el momento en que dejamos de reclamar no es el momento en que todo está bien. Es el momento en que dejamos de creer que reclamar servirá de algo.

Y si todavía quieres recuperar esa conexión, quizá el primer paso no sea reclamar otra vez. Quizá sea hablar desde un lugar diferente.

Sin acusaciones.
Sin amenazas.
Simplemente decir:

“Últimamente siento que ya no espero nada de nosotros… y eso me preocupa”.

Y quizá eso sea lo que una relación necesita antes de que el silencio se vuelva definitivo. Si alguna vez has sentido que algo que antes te dolía… simplemente dejó de dolerte, pregúntate por qué.

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