¿Vale La Pena Salvar Tu Matrimonio? Evaluemos Tu Relación

¿Vale La Pena Salvar Tu Matrimonio? Evaluemos Tu Relación

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Muchos clientes nuestros siempre nos hacen la misma pregunta “¿Vale la pena salvar mi matrimonio?”. La verdad del asunto es que nadie puede saberlo, excepto tu. Dicho esto, puedo ayudarte a tomar la decisión haciéndote algunas preguntas personales diseñadas para ayudarte a evaluar el estado de tu relación y su “capacidad de salvarse”.

Empecemos.

1. ¿Siguen siendo amigos?

Una relación sana y feliz se basa en más que el sexo y el romance. Para disfrutar de un matrimonio duradero, a través de los altibajos de la crianza de los hijos, los desafíos financieros, el envejecimiento y todas esas cosas buenas, ¡tienen que ser amigos!

“No es la falta de amor, sino la falta de amistad lo que hace que los matrimonios sean infelices”

Estar en un matrimonio es como estar en un equipo: tienen que ser comprensivos, comunicativos y estar sincronizado para que funcione. La mayor parte del tiempo, el deterioro de un matrimonio puede atribuirse a los cónyuges que piensan con una mentalidad de “YO” en lugar de una mentalidad de “NOSOTROS”, y la mejor manera de evitar o superar esta separación emocional es siendo buenos amigos.

2. ¿Todavía sientes que hay química?

Por supuesto, el grado de química en una relación inevitablemente disminuye con el tiempo, y en cierta medida es simplemente inevitable que eso suceda. Después de todo, si mantuviéramos el mismo nivel de interés sexual en nuestro cónyuge que teniamos cuando nos conocimos, nadie podría hacer nada.

La química no solo tiene que ser sexual, el hecho de poder hacernos reír y sonreír también es una parte muy importante, pero el aspecto sexual es una parte clave para mantener un matrimonio feliz.

No hay una norma específica que determine cuánto sexo por semana o mes es una cantidad saludable, pero por esa razón es más importante que sean honestos. Si no te sientes bien depende de ti intentar iniciar más encuentros sexuales con tu cónyuge, y no me refiero solo con proponerlo “, si no a cortejar y ser creativo.

3. ¿Compartes intimidad con tu pareja?

La intimidad incluye el sexo. ¿Te abrazas con tu pareja? ¿Se besan al decirse adiós y buenas noches? ¿Se toman de las manos cuando están juntos, o cuando están viendo una película? Compartir la intimidad crea un vínculo de muchos niveles, ya que requiere varias conexiones diferentes entre tu y tu cónyuge: ya sea física; mental; espiritualmente.

Este tipo de intimidad con tu cónyuge es tan importante, porque está relacionado con todo lo demás que te he dicho hasta ahora. Si no están siendo abiertos y honestos el uno con el otro, todas las otras cosas (sexo, confianza, felicidad) están en grave peligro de desaparecer.

4. ¿Tienes cosas en común con tu cónyugue?

¿Compartes intereses con tu pareja? ¿Hablas de cosas fuera de las facturas y la escuela de los hijos cuando pasan tiempo juntos? Con el tiempo, las personas cambian, y cuando ambos miembros de la pareja cambian en un matrimonio, esto puede ejercer una presión tremenda.

Es importante que mantengan un terreno común, ya sean cosas pequeñas, como conversar sobre un café en la mañana, o esperar ver la nueva película que se estrena juntos, o cosas más importantes como ir de viaje el próximo año, aprender algo juntos, o trabajar para pagar la casa de sus sueños. Si no comparte cosas en común y tienen objetivos comunes, no tendrán nada de qué hablar, nada de qué reírse, y nada de qué emocionarse juntos.

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5. ¿Eres amable con tu pareja?

Los estudios han demostrado que las dos cualidades más prominentes en un matrimonio feliz y duradero son la amabilidad y la generosidad, y me refiero a la generosidad de espíritu y de recursos. Muestrale bondad y generosidad a tu cónyuge, tanto en las cosas simples como prepararle el desayuno, dejar que duerma, vigilar a los niños para que descanse, como en los grandes gestos.

Si no practicas estas cualidades a diario, incluso cuando las cosas están en apuros, entonces deja de hacer lo que estás haciendo y hazte ahora mismo las preguntas anteriores.

6. ¿Has tratado de resolver los problemas para salvar tu matrimonio?

Esto puede sonar como una pregunta estúpida, pero merece consideración. ¿Has confrontado a tu cónyuge sobre los problemas compartidos, o te asusta mucho hablar del tema? ¿Te has hecho un autoanálisis, o estás culpando a tu cónyuge de todos tus problemas? ¿Les has explicado cómo te hacen sentir sus acciones, o simplemente lo acusas de ser desconsiderado?

Por lo tanto, permítame ser totalmente claro: mostrar enojo, gritos y resentimiento no califica como intentos de resolver los problemas, incluso si crees que está abordando los problemas al actuar de esta manera. Hay una gran diferencia entre decir en voz alta que existe un problema, y tomar medidas para que el problema desaparezca. Si no sabes diferenciar las cosas, por ahí es donde debes comenzar.

7. ¿Le tienes miedo a tu cónyuge?

Sé que esto puede sonar extremo, pero quiero que consideres esto honestamente: ¿tienes miedo de cómo reaccionará tu cónyuge a las cosas que haces (llegar tarde, quemar la cena, criticar, por ejemplo)?

No quiero decir que tengas miedo físicamente, te hablaré de eso en un momento, pero si sientes miedo cada vez que estás en presencia de tu pareja, entonces dejame decirte que estás en una relación abusiva. Si tienes demasiado miedo de enfrentarte a tu propio cónyuge, entonces déjame simplificarte las cosas: ya no estás en un matrimonio, y deberías salir.

Ya sea física o mental, el abuso de cualquier tipo nunca se debe tolerar. No solo es muy dañino para la pareja que lo soporta, sino que también afecta a todos los demás en ese entorno: amigos, familiares y, lo que es más importante, a los niños. Permitir que tus hijos crezcan presenciando el abuso de un padre por otro es inexcusable.

Otra razón incuestionable para no salvar tu matrimonio es la infidelidad reiterativa. Muchas personas hoy en día llevan matrimonios abiertos con éxito y mantienen una relación amorosa, pero la diferencia es que en ese escenario la decisión es mutua. Pero si una pareja engaña incesantemente a la espalda de la otra, es simplemente un motivo de divorcio.

En conclusión.

Recuerda, tu y tu cónyuge son las únicas dos personas que saben toda la verdad de los entresijos de su relación. Después de leer detenidamente este artículo, te sugiero que busques asesoramiento. Incluso si tu pareja no asiste contigo, al menos podrías comenzar a tener cierta claridad de si vale la pena salvar tu matrimonio por tu propio bien.

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